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El San Martín que casi nadie recuerda: huerta, jardín y vida familiar durante su exilio

Este lunes 17, mientras Argentina recuerda a José de San Martín a 176 años de su muerte, una parte menos conocida de su historia permite acercarse al Libertador desde un lugar completamente diferente: lejos de los campos de batalla, dedicado a su familia, su jardín y la huerta de su casa de campo en Francia.

En 1834, San Martín compró una propiedad en Grand-Bourg, a pocos kilómetros de París, donde vivió durante buena parte de sus últimos años en Francia junto a su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce y sus nietas. La finca se convirtió en su refugio durante casi tres lustros.

La casa estaba rodeada por un extenso parque que incluía una huerta con árboles frutales, un jardín y un invernáculo. Allí, el hombre que había encabezado campañas decisivas para la independencia sudamericana encontraba parte de su rutina en tareas domésticas y al aire libre.

El cuidado de las plantas no era una actividad ocasional. Los registros históricos señalan que San Martín se ocupaba personalmente del jardín y de parte de la huerta. También dedicaba tiempo a la carpintería, la lectura, sus armas, las cabalgatas y, especialmente, a sus nietas.

Grand-Bourg también se convirtió en un particular punto de encuentro para argentinos que viajaban por Europa. Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento estuvieron allí para conversar con el Libertador. Sarmiento incluso describió años después aquella casa como un lugar al que acudían americanos interesados en conocer al hombre detrás de las campañas independentistas.

La vida cotidiana de San Martín en ese período contrastaba profundamente con la imagen del militar que había cruzado los Andes. En una carta de 1837 describió aquella etapa como una existencia dedicada principalmente a su familia y a la tranquilidad de su casa de campo.

La propiedad permaneció vinculada a su vida hasta 1848, cuando el contexto político francés llevó al Libertador a abandonar Grand-Bourg y trasladarse a Boulogne-sur-Mer. Al año siguiente vendió la finca que había sido su refugio durante aproximadamente quince años.

La historia de aquella casa tuvo una continuidad particular. Actualmente funciona allí el Convento La Solitude, residencia de religiosas de la Comunidad contemplativa de Notre-Dame de Sion. La antigua residencia de San Martín conserva así una conexión con aquel período de su vida en Francia.

Este 17 de agosto, la imagen de San Martín vuelve a ocupar el centro de la memoria argentina. Pero detrás del uniforme y de las grandes campañas militares también existió un hombre que, durante sus años de exilio, encontró en una pequeña finca francesa una vida mucho más silenciosa: rodeado de árboles, una huerta, libros, herramientas y su familia.

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